Erika De Anda

Sabor a Puebla

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Parece más sencilla la vida si la miras en la esquina de la calle de los dulces, en dirección al oriente, camino abajo. Todo empezó en marzo de 1973, cuando Don Juan tenía apenas 12 años.
Nació con los ojos abiertos y la mirada perdida. Nunca pudo ver. Con los años se hizo tradición caminar al teatro principal, pasando por la calle de los dulces.

Había desarrollado tanto el sentido del olfato y conocía tan bien el camino, que lo recorría solo, sin bastón, sin ojos y sin miedo. Con la piel expuesta, la intuición abierta y las rodillas negras.

Saludaba a la gente al escucharla o sentir sus pasos. Adoraba el sabor del piloncillo, nueces y pepitas.  El aroma  del caramelo lo mataba  y lo revivía a cada rato. Era tan feliz ahí, como lo son todos los que la caminan. Porque según decía, en ese lugar te haces niño de esquina a esquina. Debe ser por ello, que la gente camina en círculos, como si estuviera en una lancha sin saber remar.

El día que cambió su rutina, sólo por unos días, fue porque se empachó. Pero la enfermedad no duró mucho, aunque la panza le creció.

Ahí estaba todos los días de regreso de la escuela, los aromas eran suyos, la dirección del viento lo llevaba y lo traía como un papalote sin barreras y sin cuerda.

Un día el aire se hizo espeso, la piel se le erizó y su estómago se rió.

Todo porque una niña buscaba un dulce y él, emitió su recomendación. Pronto consiguió su amistad y un pedazo de alegría. Ahí, en la calle de los dulces, se enamoró por primera vez y conoció el  aroma a cielo, a rosa y a vida.

Con los años él olía a secretos, a experiencia y libertad. Estaba ya enfermo y no podía regresar, pero mientras me contaba la historia, respiraba fuerte y hablaba con tal sabor, con tal profundidad, que el aliento se le iba y le regresaba con añoranza, agotamiento, melancolía y felicidad.

Él decía que esa calle es mágica, de ensueño. Que es un laberinto para la confusión y la tristeza y que, si no tienes miedo y abres tu pecho, se puede sentir el corazón de las personas cuando el dulce queda al descubierto.

Están por ejemplo, los ansiosos que devoran, los precisos que analizan el contenido, los simuladores que aparentan no desear nada, los egoístas que no comparten, los desprendidos que piden mucho para llevar y los que saborean lo que la vida les da.

-Yo quiero ser uno de esos, por lo que he venido a probar.

Author: Erika de Anda

Mujer, activa, positiva, estudiante y soñadora!

One thought on “Sabor a Puebla

  1. Hola Erika como estas?
    Muchas gracias por compartir tu articulo y hacernos partícipes de esta linda narrativa me da gusto que nuestras calles tan bonitas te hagan echar a volar tu imaginación con tal lindas palabras sigue escribiendo y esperamos muchas historias increíbles como estas
    un fuerte abrazo Pamela Mijares

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