Erika De Anda

Destellos del Universo

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Brillante y  majestuosa, decidida y elegante, romántica y deslumbrante como ella es, apareció frente a mí.   Estaba yo en el parque México, cuando la vi.

Era el 11 de julio de 1991, apenas tenías un mes de haber nacido y tú también estabas ahí. Te puse los lentes especiales que habían regalado y te tapé con una cobijita, por si acaso te hiciera daño. Pero qué daño te iba a hacer.

Salió por el este, se fue acercando poco a poco, se deslizaba lentamente para que todos la pudieran admirar. El cielo estaba despejado, paralizado, suspendido como todo lo demás.

Partió plaza en la entrada y todo cambió. Cambió el aire, los colores y la gente. ¿Y cómo no?, si apareció a la una de la tarde,  con todos los reflectores del sol encendidos. Él la esperaba también y lucía como nunca: gigante, fuerte y anaranjado, magnifico y ansioso.

Cuando la luna se detuvo por un instante, lo hizo frente a él, y el día se hizo noche. La sincronía era total. Era una danza con pausas, que parecían haber ensayado en secreto. Pero ese día, su encuentro fue  frente a mis ojos.

Después de tu nacimiento fue lo mejor que vi en mi vida. Tuvimos suerte de estar ahí.

Me había sentado en un café a reflexionar sobre nuestro futuro, tu madre muerta; pero tú, yo y la existencia del universo dejándose ver. Comprendí que la belleza que hay arriba, la hay abajo también.

Ya llevaba tiempo buscando trabajo y esa tarde se me ocurrió que quería estar lo más cerca posible de los danzantes que ese día vi.  Pero ya era muy tarde para ser astronauta o piloto, así es que desde entonces arreglo las azoteas y las cubro de chapopote. Así veo el cielo y la tierra ¿Eso contesta tu pregunta?

-Bueno ya sé ¿Por qué te dedicas a esto? Ya estás un poco grande para que te lo diga, pero el sol y la luna no bailan, y el universo no se puede ver desde el parque México.

-Rodrigo debes aprender que…

-Sí, sí, ya sé. Siempre debo aprender, adquirir conocimiento y sentir.

-Y como no te aprendes la primera no puedes pasar a la segunda. El sábado me ayudarás a arreglar la azotea de Doña Lupe.

-No me gusta ir  a esa casa. Está en la barranca.

-No le temas a la tierra hijo. Irás.

Amaneció lloviendo aquel sábado, era frío y olía a tierra viva, el aire en la azotea me estremecía, alcanzaba a ver el bosque y el saliente humo de la ardiente chimenea de la casa.

Apenas empezaba a disfrutar la vista, cuando sucedió lo que temía. Resbalé y empecé a caer por la barranca, envuelto en obscuridad y gritos.

Author: Erika de Anda

Mujer, activa, positiva, estudiante y soñadora!

One thought on “Destellos del Universo

  1. HOLA, MUY BUENA NARRACION DE UNA AVENTURA EN LA JUNGLA DE ASFALTO, RECORDAR EL MOMENTO AQUEL DONDE LA LUNA SEDUSE AL SOL PARA QUE SU ENCUENTRO AMOROSO, AQUEL QUE DUERA SOLO UNOS MINUTOS Y SE REPITE CADA VEZ QUE EL AMOR LOS LLAMA A ENTREGAR EL ALMA, LA VIDA Y SU PROPIA LUZ….

    SALUDOS

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